martes, 8 de junio de 2010

ESTANISLAO ZULETA: REFLEXIÓN SOBRE LA EDUCACIÓN CONTEMPORÁNEA


La educación como procesos de formación se inscribe en las líneas de cambiar ese orden establecido, de superar las concepciones positivistas de transmisión de saberes acompañadas por la centralidad del profesor, la actividad memorística y la dictadura de clases en relación unidireccional de impartir conocimientos, de prepararse para establecer un modelo de estudiante-alumno acrítico, en carácter reproductivo de información; sin concepciones políticas firmes y totalmente apartado de la ciencia, de la investigación y de la reflexión que conduzca a nuevos elementos para transformar la dimensión subjetiva de sus vidas, de sus familias y en fin, de la sociedad misma.

A continuación presentamos algunas reflexiones del Maestro Estanislao Zuleta, un ser comprometido con la educación como labor de vida para el cambio social:

"La crisis de la educación es más aguda mientras más industrializada sea la sociedad. Maurice Mausquino, en un ensayo, se preguntaba cómo hacer para que los estudiantes franceses terminen por saber escribir dos páginas en francés, sin errores de sintáxis y de ortografía. Hace poco (1985), en una reunión en Alemania Occidental, los educadores alemanes se preguntaban qué podrían hacer para que la educación en su país dejara de ser una catástrofe. Quiero decirles con esto que la pésima situación de la educación no es resultado de sociedades en transición, ni de países subdesarrollados. Más aún, creo que es recomendable no creer mucho en las virtudes del desarrollo y en lo que es posible lograr en el tiempo que nos falta para salir del subdesarrollo. Los países desarrollados están peor que nosotros. La manera como se han desarrollado hace que el sistema sea cada vez más cerrado y más inhumano. No podemos creer en el progreso tecnológico como si fuera la imagen por excelencia del progreso.

Hay que establecer una incógnita sobre lo que significa el progreso, hay que ponerlo en duda. Si a Cali la convierten en una Chicago, probablemente a eso lo llamarían progreso o desarrollo, pero desde el punto de vista que nos preocupa, no mejoraría en absoluto las cosas y probablemente las empeoraría. En general estamos obsesionados, por no decir hipnotizados, con la idea de la técnica. En ella es innegable e inequívoco el progreso. Es evidente, por ejemplo, que la marina norteamericana, con relación a la marina de la antigua Grecia, es muy superior. Una sola de sus lanchas acabaría con ella. Pero eso no quiere decir que la actual poesía norteamericana, comparada con la poesía griega, tenga esa misma relación de progreso.

No tomemos la técnica como la dirección del desarrollo humano. La técnica progresa de manera inevitable, pero la técnica tiene un tiempo que no es el tiempo de la cultura. Es evidente que un avión de 1920 es muy inferior a uno de 1985, pero no necesariamente un pensador de 1920 - o un pintor, o un músico, o un hombre que tiene una relación humana de amor o de cualquier otro tipo - es inferior a uno de 1985. No pensemos el desarrollo con la noción de que la técnica decide el resto de las relaciones humanas. Tenemos que reinventar el desarrollo. El desarrollo es desarrollo humano global; el desarrollo técnico particular puede ser subdesarrollo humano; suele ser, está siéndolo, y no porque una sociedad sea agraria o se encuentre en transición. Si un hombre es más sensible a los colores, si es capaz de concebirlos mejor, si le hablan de otra manera, si es capaz de ver en un rojo algo que lo incita, lo agrede, le da una invitación al calor, o le sugiere la violencia, ese hombre está mucho más desarrollado que otro que no ve en el rojo sino un semáforo.

Reconstruyamos la idea de desarrollo como desarrollo del hombre, y no nos hagamos la falsa idea de que la técnica, la capacidad de manipular a la naturaleza y a los otros hombres, es la definición del progreso humano. La educación que agacha la cabeza ante la técnica y tiene la técnica como su meta y su paradigma es necesariamente la más represora de todas las educaciones".

“Lo que se enseña no tiene muchas veces relación alguna con el pensamiento del estudiante; en otro término, no se le respeta, no se lo reconoce como un pensador, y el niño es un pensador. La definición de Freud hay que repetirla una y mil veces: el niño es un investigador; lo reprimen y lo ponen a repetir y a aprender cosas que no le interesan y que él no puede investigar, a eso no le puede llamar educar” .

“En la educación existe una gran incomunicación. Yo tengo que llegar a saber algo, pero ese “algo” es el resultado de un proceso que no se me enseña. Saber significa entonces simplemente repetir. La educación y los maestros nos hicieron un mal favor: nos ahorraron la angustia de pensar”.

“Para poder ser maestro es necesario amar algo; para poder introducir algo es necesario amarlo. La educación no puede eludir esta exigencia sin la cual su ineficacia es máxima: el amor hacia aquello que se está tratando de enseñar. Además, ese amor no lo puede dar sino quien lo tiene, y en últimas eso es lo que se transmite. Nadie puede enseñar lo que no ama, aunque se sepa todos los manuales del mundo, por que lo que comunica a los estudiantes no es tanto lo que dicen los manuales como el aburrimiento que a él mismo le causan” ...





ZULETA, Estanislao. Educación y Democracia: Un Campo de Combate. Sexta Edición. Hombre Nuevo Editores. Fundación Estanislao Zuleta. Medellín, 2004.

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